top of page

Camino a lo desconocido

18/09/2018

Cuando la mañana despuntase los integrantes de aquel variopinto grupo se darían cuenta de que la marea aquella noche había subido mas de lo normal. Los que primero despertasen podrían ver como el agua se retiraba con peligrosa rapidez y el mar embravecía con cada segundo, amenazando con comerse todo lo que quedaba de playa y, con ella, a cualquiera que se encontrara en ella para el medio dia. Aquellos mas dormilones serian despertados por el rugir de las olas o, directamente, por el agua salpicando ya sobre ellos como si fuera lluvia. 

El bosque era la única opción, el único camino, y por una vez este les dejaría pasar a través de él sin devolverles de vuelta al mismo sitio de inicio. Eso no quería decir que el camino fuera ayer fácil, quizá libre de animales salvajes pero no de trampas, pues la constante sensación de estar siendo observado os persigue. Los oídos os engañan, ¿es eso que suena un rugido? ¿ese crujido el de una rama al ser pisada? Los ojos no son mas fiables, esas marcas en la el tronco de aquel árbol las han causado animales claramente ¿a que si? ¿Panteras? ¿O es solo un desconchón de corteza arrancada por una ardilla al escalar? 

Sin embargo la calma y la tempestad van siempre unidas, una sigue a la otra y después de el largo camino lleno de peligros, quizá mas imaginarios que reales, conseguir encontrar un lugar en el que, quizá, se os permite quedaros. 


Al llegar al norte de la isla, una gran explanada les recibiría en cuyo centro se encontraba una gran casa precedida por un tronco de árbol que hacía de mesa y a cuyo alrededor se situaban pequeños taburetes, a uno de los lados una fogata que hacía tiempo no se utilizaba.

La casa de madera constaba de tres pisos. El primero, la planta baja, era un gran espacio diáfano que conformaba una especie de salón, en él había una alfombra de piel de oso frente a una gran chimenea en torno a la cual se disponían varios cojines de gran tamaño que hacían las veces de sillones. Destacaba entre todas ellas una mecedora en cuyo lateral había una cesta llena de ovillos de lana descoloridos por el paso del tiempo, y un sofá de piel que permanecia en una de las esquinas, como si su propietario hubiera gustado de observar la escena desde lejos.

La luz entraba a través de grandes ventanales cuyas cortinas habían visto mejores días, pues se encontraban llenas de agujeros por las polillas.

En la pared había una escalera de mano que llevaba al piso superior, un gran pasillo que comunicaba las habitaciones entre si, solo en una de ellas ponía "Prohibido entrar" y era la única que no podían abrir aunque quisieran, y si intentaban forzarla, sentirían un gran dolor que les dejaría inconscientes. El resto de habitaciones eran de libre acceso, con puertas de madera y una plaquita de metal donde estaban escritos los nombres de sus actuales ocupantes. 
El interior de todas era similar, un escritorio lleno de polvo, tres camas, un armario con ropa y una ventana que tenía buenas vistas del bosque. Sin embargo lo más descorazonador de eso eran los objetos que había en ellas, juguetes de madera como soldaditos, muñecas o espadas se encontraban esparcidos por el lugar llenos de polvo, olvidados.

¿Y el tercer piso? Su entrada debía ser descubierta en un futuro, o quizás simplemente no la había.

Los baños se encontraban fuera de la cabaña, siguiendo un sendero hacia una de las cuevas, cuyo suelo, hundido hacía de piscina y permitía el nado. 

A un lado de la casa un almacén que si el acechador era benevolente se llenaría de comida, sin embargo, también deberían buscarla. Igualmente ahí tenían todo lo necesario para cocinar y un instrumental de madera para comer.

Y en una de sus paredes una advertencia "No salir nunca del recinto tras anochecer"

© 2023 by ENERGY FLASH. Proudly created with Wix.com

bottom of page